El padre de Vaca Muerta

Libro y diagnóstico: Jorge Sapag proyecta que Neuquén llegará a los 2 millones de barriles diarios en 2035

El exgobernador repasó los orígenes del desarrollo no convencional, el papel de las inversiones y la normativa ambiental inspirada en Alberta. También advirtió sobre los desafíos de infraestructura, la distribución de la renta hidrocarburífera y la necesidad de construir licencia social

Marina Cappiello
por Marina Cappiello [email protected] 22 Octubre de 2026
22 Octubre de 2026
Para Sapag, el crecimiento de la actividad abre una oportunidad para transformar la matriz económica argentina
Para Sapag, el crecimiento de la actividad abre una oportunidad para transformar la matriz económica argentina

El desarrollo de Vaca Muerta atraviesa una nueva etapa, con el desafío de ampliar la producción, construir infraestructura para exportar y transformar los recursos energéticos en crecimiento económico. En ese escenario, el exgobernador de Neuquén Jorge Sapag proyectó que la provincia podría alcanzar una producción de 2 millones de barriles diarios de petróleo en 2035 y que la Argentina podría exportar hidrocarburos por US$ 50.000 millones anuales. Fue en el marco de la presentación de su libro en el contexto de la AOG, en la cual estuvo Shale24.

“En el 2035, si hacemos las cosas bien, con ductos, plantas de tratamiento, sustentabilidad ambiental y social, vamos a estar exportando por 50.000 millones de dólares por año”, sostuvo durante una conversación con el periodista Cristian Navazo, en la que repasó la historia de la formación, las decisiones políticas que permitieron su desarrollo y los desafíos que enfrenta la industria.

Para Sapag, el crecimiento de la actividad abre una oportunidad para transformar la matriz económica argentina, aunque advirtió que el aumento de la producción no garantiza por sí mismo una mejora en el bienestar de la población. “Tenemos que tener mucho cuidado con la administración de estos recursos”, señaló.

De Alberta a Vaca Muerta: cómo comenzó la apuesta 

Sapag recordó que uno de los primeros pasos para impulsar el desarrollo de los recursos no convencionales fue viajar a la provincia canadiense de Alberta, donde pudo conocer su normativa ambiental y las regulaciones aplicadas a la actividad hidrocarburífera.

La experiencia resultó importante para construir el marco normativo que acompañaría el desarrollo neuquino. Según explicó, parte de la legislación ambiental vinculada con la actividad incorporó aprendizajes de esa provincia, entre ellos medidas relacionadas con las locaciones secas y el uso y la reutilización del agua empleada en la fractura hidráulica.

El exmandatario reconoció que, al comienzo, no tenía conocimientos técnicos profundos sobre el potencial de los recursos no convencionales. “A mí me estaban hablando en chino básico”, recordó al describir sus primeras aproximaciones a la geología de Vaca Muerta.

El contacto con geólogos y ejecutivos de compañías petroleras le permitió dimensionar las posibilidades de la formación. Entre los especialistas que mencionó estuvieron profesionales vinculados con Apache, YPF, Total y Exxon, además de Tomás García Blanco, de Repsol.

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Sapag recordó que uno de los primeros pasos para impulsar el desarrollo de los recursos no convencionales fue viajar a la provincia canadiense de Alberta, donde pudo conocer su normativa ambiental y las regulaciones aplicadas a la actividad hidrocarburífera.

En 2009, recordó, representantes de la industria ya destacaban la calidad de la roca. Uno de ellos le transmitió su entusiasmo por el potencial geológico de Neuquén. A partir de esas conversaciones, la provincia avanzó con una licitación de 22 áreas bajo el nombre de Nuevos Horizontes, orientada a explorar el potencial de los recursos.

“Ustedes no saben lo que tienen”, recordó Sapag que le decían desde la industria. Sin embargo, aclaró que el potencial de la formación todavía debía comprobarse mediante inversiones y trabajos de exploración.

La apuesta por Exxon y el aprendizaje de los primeros pozos

El exgobernador recordó que dos áreas incluidas en aquella licitación, Bajo del Choique y La Invernada, quedaron sin ofertas. Con el objetivo de atraer inversiones, la provincia buscó interesar a Exxon en el potencial geológico de Neuquén.

Según relató, las negociaciones derivaron en un acuerdo que contemplaba una inversión de US$ 400 millones y una participación del 10% para la empresa provincial Gas y Petróleo del Neuquén (GyP), además de un derecho de preferencia.

El acuerdo también contemplaba la llegada de XTO Energy, compañía especializada en perforación horizontal y fractura hidráulica que Exxon había adquirido en 2010.

Sapag utilizó ese antecedente para explicar que el potencial de Vaca Muerta no estaba plenamente dimensionado desde el comienzo. Tanto la provincia como las empresas debieron invertir para reducir la incertidumbre geológica y comprobar la productividad de los recursos.

“No era cierto que sabíamos. No sabíamos nada, no teníamos idea de lo que teníamos entre manos, pero las empresas tampoco lo sabían”, afirmó.

El desarrollo también dependió de la disponibilidad de tecnología y servicios. En ese sentido, recordó las dificultades que enfrentó el sector durante los primeros ensayos de fractura múltiple en la región, cuando fue necesario combinar capacidades de empresas de servicios para realizar las operaciones.

La evolución de los primeros pozos permitió identificar las diferencias de productividad entre las áreas. Sapag señaló que la formación no tiene una riqueza uniforme en toda su extensión y que los resultados iniciales fueron parte de un proceso de aprendizaje tecnológico.

El punto de inflexión llegó con el avance de la exploración de YPF en Loma La Lata y el posterior desarrollo de Loma Campana, que comenzó a consolidar la producción masiva de petróleo no convencional.

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Sapag ubicó el desarrollo de Loma Campana entre los hitos centrales de la historia de Vaca Muerta.

Loma Campana y el marco regulatorio para atraer inversiones

Sapag ubicó el desarrollo de Loma Campana entre los hitos centrales de la historia de Vaca Muerta. Para avanzar, recordó, Neuquén aprobó un acuerdo con YPF y Chevron por un plazo de 35 años, con condiciones fiscales y regulatorias específicas.

Entre los puntos que mencionó figuraban regalías del 12% e Ingresos Brutos del 3%, además de condiciones de estabilidad jurídica y beneficios fiscales. Según su interpretación, aquel esquema compartía características con los incentivos que hoy contempla el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), aunque con diferencias en su estructura.

El exgobernador también destacó el papel de la legislación nacional y provincial en la incorporación de reglas para el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales y la gestión ambiental.

En su reconstrucción, la combinación de reglas previsibles, inversión y desarrollo tecnológico permitió que Loma Campana se convirtiera en uno de los principales yacimientos petroleros del país.

Sapag afirmó que el proyecto acumuló inversiones por unos US$ 9.000 millones y recordó que llegó a registrar una producción cercana a los 100.000 barriles diarios.

La experiencia también estuvo atravesada por controversias políticas. La firma del acuerdo con Chevron y la existencia de cláusulas confidenciales generaron cuestionamientos durante una campaña electoral. Sapag sostuvo que esas cláusulas respondían a condiciones contractuales y financieras, y rechazó que fueran indicio de irregularidades.

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Sapag afirmó que el proyecto acumuló inversiones por unos US$ 9.000 millones y recordó que llegó a registrar una producción cercana a los 100.000 barriles diarios.

La meta de 2 millones de barriles diarios y exportaciones por US$50.000M

Al proyectar el futuro de la industria, Sapag sostuvo que Neuquén podría alcanzar una producción de 2 millones de barriles diarios de petróleo en 2035. Presentó esa cifra como una posible meseta productiva, a partir de la cual el desafío sería consolidar y sostener los niveles de extracción.

“Dos millones de barriles sería la meseta, en la cual tendremos que consolidarnos y mantenernos”, explicó.

En gas natural, planteó que la producción podría llegar a unos 250 millones de metros cúbicos diarios, impulsada por nuevas obras de transporte y por la expansión de los proyectos de exportación, incluido el gas natural licuado (GNL).

Bajo ese escenario, estimó que la Argentina podría exportar hidrocarburos por US$ 50.000 millones anuales en 2035, siempre que se concreten las inversiones en ductos, plantas de tratamiento y demás infraestructura necesaria, junto con las condiciones de sustentabilidad ambiental y social.

“Estoy convencido de que desde las provincias argentinas, con la minería, los hidrocarburos, la sociedad del conocimiento, el turismo y los alimentos, va a venir la consolidación de la Argentina”, afirmó.

Sin embargo, advirtió que la expansión de la producción también está acelerando las necesidades logísticas. Mencionó el abastecimiento de arena para fractura, el transporte por rutas y la disponibilidad de infraestructura como algunos de los principales desafíos para sostener el ritmo de actividad.

Según explicó, el volumen de arena requerido por la industria continuará creciendo y una parte importante llega desde Entre Ríos. Por eso, planteó la necesidad de mejorar los sistemas de transporte, desarrollar rutas adecuadas y evaluar alternativas de abastecimiento más cercanas a los yacimientos.

La renta hidrocarburífera y el desafío de que llegue a la sociedad

Otro de los puntos centrales fue la distribución de los ingresos generados por el petróleo y el gas. Sapag sostuvo que una parte significativa de la facturación de la actividad llega a las arcas públicas mediante impuestos, regalías y otros mecanismos de recaudación.

Según los números que presentó, el 40% de la facturación bruta del gas y el petróleo se destina a la Nación, Neuquén y las demás provincias argentinas. En ese marco, afirmó que la provincia factura actualmente unos US$ 30.000 millones anuales por la actividad hidrocarburífera.

“Es un verdadero federalismo fiscal”, definió al referirse a la distribución de los recursos entre los distintos niveles del Estado.

El exgobernador vinculó esos ingresos con la posibilidad de financiar escuelas, hospitales, viviendas, rutas y servicios públicos. No obstante, distinguió entre ese impacto indirecto y los beneficios directos que reciben quienes trabajan en la industria o forman parte de su cadena de proveedores.

“El derrame indirecto se produce cuando el ciudadano tiene un hospital público bueno, una escuela pública y atención a la seguridad”, explicó.

El crecimiento acelerado de Neuquén también genera tensiones: el aumento de los alquileres, el costo de vida y la presión sobre la infraestructura urbana pueden dificultar que los beneficios alcancen a todos los habitantes.

Para explicar ese problema, recurrió al concepto de la “maldición de los recursos” o enfermedad holandesa: el riesgo de que una economía dependa excesivamente de una actividad y no desarrolle otros sectores capaces de sostener el crecimiento a largo plazo.

Como referencia, mencionó a Noruega y su fondo soberano, que permite administrar parte de la renta petrolera con una perspectiva de largo plazo. En su visión, la Argentina necesita construir mecanismos que permitan ahorrar, invertir y distribuir los ingresos de manera sostenible, sin depender exclusivamente de los ciclos de los precios internacionales.

“Tenemos que tener mucho cuidado con la administración de estos recursos”, insistió.

En ese proceso, destacó el papel de la educación, la diversificación productiva y la generación de cadenas de valor vinculadas con la actividad energética.

El crecimiento de Neuquén y la presión sobre la infraestructura

Sapag también se refirió al crecimiento demográfico de Neuquén y a las expectativas que genera Vaca Muerta entre quienes buscan oportunidades laborales.

Según los datos que mencionó, la población provincial pasó de unos 400.000 habitantes hace dos décadas a alrededor de 800.000, y proyectó que podría alcanzar el millón en los próximos años.

En ese contexto, cuestionó la idea de que la expansión de la industria pueda resolver automáticamente los problemas de empleo de otras regiones del país. Sostuvo que las oportunidades requieren formación técnica y profesional, además de infraestructura y condiciones habitacionales adecuadas.

“Mucho cuidado con las comunicaciones”, advirtió al referirse a los mensajes que presentan a Vaca Muerta como una solución inmediata para quienes buscan trabajo.

También señaló que trasladar trabajadores hacia Neuquén sin resolver las limitaciones de transporte, vivienda y servicios podría agravar los problemas existentes.

La misma lógica, planteó, se aplica a la logística industrial: la expansión de la producción exige nuevas rutas, sistemas de transporte más eficientes y soluciones para el abastecimiento de insumos.

La licencia social, una condición para sostener el desarrollo

Hacia el cierre, Sapag insistió en que el crecimiento de Vaca Muerta no garantiza por sí mismo una mejora en el bienestar de la población. Para que eso ocurra, sostuvo, es necesario explicar cómo se distribuyen los ingresos y qué beneficios concretos genera la actividad. “La licencia social hay que trabajarla muchísimo”, afirmó.

El exgobernador consideró que las empresas y los gobiernos deben comunicar mejor el impacto de la industria, más allá de las inversiones y los niveles de producción. La contribución a los salarios, las jubilaciones, las escuelas, los hospitales y la infraestructura también debe formar parte de esa explicación.

Sapag recordó una conversación con el expresidente uruguayo José Mujica, quien le había advertido sobre las expectativas que despierta la existencia de una gran riqueza natural.

“Esto genera muchas expectativas”, recordó que le dijo Mujica. La advertencia apuntaba a la necesidad de convertir los recursos en progreso social concreto, en lugar de asumir que la riqueza natural se traducirá automáticamente en bienestar.

“El desafío es cómo esa riqueza genera progreso social”, resumió Sapag al plantear la necesidad de administrar los ingresos, fomentar la educación y promover la cultura del trabajo.

Esa es, en definitiva, la discusión que acompaña la próxima etapa de Vaca Muerta: ampliar la producción y las exportaciones, pero también construir las condiciones económicas, ambientales y sociales para que ese crecimiento pueda sostenerse en el tiempo.

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