José Luis Manzano no habla de minerales críticos desde un think tank ni desde una banca de inversión.
Habla desde una cartera que incluye exploración y producción de petróleo a través de Phoenix Global Resources, distribución de gas a más de 10 millones de usuarios en Buenos Aires a través de MetroGas —vía Integra Gas Distribution, en sociedad con Mercuria Energy Trading—, activos de litio en Jujuy y Catamarca, exploración de uranio en Chubut, la minera de zinc y cobre Volcan Compañía Minera en Perú —adquirida a Glencore— y el proyecto de potasio Río Colorado en Mendoza, donde Integra Capital avanza con una planta piloto.
Bloomberg tituló en 2024: «Energy Mogul Makes 100-Year Bet on Argentina's Mineral Wealth». Esa posición de operador es lo que le da peso específico a su diagnóstico, articulado esta semana en 2 foros simultáneos en Washington durante las reuniones del FMI y el Banco Mundial.
La tesis que se pone en juego
«No se trata de dinero, se trata de acceso. Por eso se llaman minerales críticos. Si no, se llamarían minerales caros», dijo en el panel del Semafor World Economy Forum, donde compartió escenario con Barbara Humpton, CEO de USA Rare Earth, moderados por Steve Clemons, editor de Semafor.
El cuello de botella, señaló, está «en el procesamiento»: «El papel de América Latina es fácil de identificar: está en el upstream. Tenemos recursos no explotados en tierras raras, tenemos los recursos más grandes en litio. Litio, litio, litio». Pero esa abundancia geológica no se convierte en valor exportable si el mineral sale sin transformación.

El diagnóstico tiene respaldo en los números. El presidente del BID, Ilan Goldfajn, lo cuantificó en diciembre de 2025: Argentina exporta el 70% de su litio a China para importarlo de regreso procesado a precios entre ocho y nueve veces superiores.
Manzano identificó 3 motores que traccionan la demanda global y agravan esa brecha: la electrificación, el desarrollo de la inteligencia artificial y la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, que redefine las decisiones de abastecimiento y convierte al procesamiento en país de origen en un argumento comercial, no solo político.
«Latinoamérica tiene lo que el hemisferio occidental necesita», resumió, y planteó que la región puede convertirse en «un proveedor confiable» y «una región de paz en un contexto de creciente fragmentación global».
Al delinear el mapa de actores regionales introdujo un elemento poco frecuente en los foros de inversión: «Venezuela ha vuelto», dijo, señalando que el país estaría saliendo de una etapa de aislamiento y podría reinsertarse como jugador en el sector.
Además del petróleo y el gas, destacó su potencial minero: «El tamaño del fenómeno geológico que creó ese petróleo seguramente creó mucha riqueza mineral».
La logística como piedra de tope
En un panel paralelo del Atlantic Council durante la misma semana, Manzano fue más concreto sobre el proyecto propio que mejor ilustra el problema. Potasio Río Colorado en Malargüe avanza —«estamos construyendo planta piloto para empezar a producir»— pero enfrenta el mismo límite que todos los proyectos cordilleranos: «Todavía no está resuelta la logística».
La definición fue directa: «A mí no me deja dormir la logística». Sin ferrocarriles para bajar el mineral, sin líneas de alta tensión en la montaña y sin puertos donde descargarlo, la escala industrial es inviable.
La demanda al capital estadounidense fue precisa: «Estados Unidos tiene un gran espacio ahí y van a ganar dinero». El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el Project Vault —la reserva estratégica de minerales críticos que EE.UU. está construyendo como contrapeso a la dependencia de China— crearon la arquitectura correcta, sostuvo: «El gobierno americano puede comprar el mineral porque quiere construir una reserva estratégica y asegurar suministros. Entonces hay una oportunidad ahí, financiamiento y demanda, así es como se puede construir una industria».
El RIGI, con estabilidad fiscal por 30 años, resuelve la ecuación del inversor extractivo; la infraestructura de logística y procesamiento es la capa que falta para que esa extracción genere valor en Argentina.
El diagnóstico sobre el capital privado local fue más duro. El empresariado argentino tiene el espacio para entrar en la cadena de procesamiento pero no lo aprovecha, dijo, por «falta de educación en materia de minería y por falta de apetito por el riesgo».
El rol para ese capital está «en el lugar de mayor creación de valor»: no en la extracción primaria, donde el capital internacional ya está posicionado, sino en el procesamiento y la industrialización intermedia.

La respuesta desde la demanda
Mientras Manzano articulaba el problema desde la oferta, Barbara Humpton lo estaba resolviendo desde la demanda. La CEO de USA Rare Earth —que dejó la conducción de Siemens USA en octubre de 2025 para asumir ese cargo— llegó al Semafor World Economy Forum con una agenda de adquisiciones concreta: la compañía está recorriendo el mundo en busca de activos en toda la cadena de valor, desde la minería hasta la fabricación de imanes.
Citó como ejemplo reciente la toma de participación en Carester, procesadora francesa de tierras raras: «En muy poco tiempo tendremos una línea de procesamiento en Europa que podrá abastecer a Europa y también a Asia».
Su diagnóstico sobre la vulnerabilidad estructural fue directo: «Tenemos una cadena de suministro muy frágil que depende de que todo China funcione para poder minar los minerales, procesarlos en metales e introducirlos en los imanes que son absolutamente vitales para cada aspecto de nuestras vidas. Nuestro trabajo ahora es sacar esto del tablero de la palanca geopolítica».
La intervención del gobierno de EE.UU. en el sector —con tomas de participación en compañías productoras y planes de reserva estratégica— no es un obstáculo sino una señal: «El hecho de que el gobierno de EE.UU. se involucre permite que otros digan: "sí, esto merece inversión"».
En su lectura, se está construyendo un modelo de «patriotismo industrial» con Estado y sector privado coordinados para asegurar las capacidades estratégicas, y «hay un problema de seguridad nacional que debe resolverse».
Desarrollar esta industria a la escala que la demanda requiere, concluyó Manzano, «tomará billones de dinero y tiempo».