El abogado experto en regulación, Pablo Rueda, analizó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), en su ampliación a través del decreto 105/2026 de Javier Milei, y lo comparó con el modelo chino que permitió industrializar al gigante asiático. En diálogo con Shale24, observó como positivo la inclusión de proyectos de perforación e instalaciones asociadas de petróleo y gas, por las proyecciones que tiene de ascenso.
No obstante, el integrante del estudio Martínez de Hoz & Rueda y referente de la Cámara de Comercio Argentina-Texas recordó que otros regímenes de incentivos y estabilidad fiscal fueron impulsados con menor o mayor éxito en los gobiernos de Mauricio Macri y de Alberto Fernández, siendo recordado la ley de promoción para proyectos de gas natural licuado (GNL) -que llegó a tener media sanción en la Cámara de Diputados-.
“El decreto 105 amplía las actividades contempladas a un sector que lo necesita, que es el onshore de crudo y gas, el upstream continental, poniéndole una vara de mínimo de inversión de 600 millones, que es el monto más alto en el régimen por fuera de un proyecto de exportación estratégica de largo plazo”, indicó Rueda.

“Una cosa importante del decreto 105 es que está pendiente la regulación que determina bien los alcances de estas nuevas actividades contempladas. En particular, si los proyectos tienen que estar vinculados a la exportación o pueden orientarse también al mercado interno”, advirtió.
El “RIGI” que permitió el ascenso de China
Rueda puso en contexto el RIGI. Tal como dijo al principio, este régimen no es un invento del gobierno de Milei y su equipo sino que todos los gobiernos argentinos han intentado impulsar actividades industriales o mineras con programas similares. Vale recordar Petróleo Plus o Refino Plus en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner o el Plan Gas que vendría después con Macri.
“Además, el RIGI se parece mucho a las zonas económicas exclusivas que China implementó a fines de la década de los setenta. Al igual que el régimen especial chino, el RIGI ofrece garantías de estabilidad por 30 años para atraer capital de largo plazo, que es lo que hacían esas zonas exclusivas, además de beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios”, analizó.
El caso chino empezó con una provincia, la de Wandong, con una ciudad. Después fueron cuatro capitales de provincia más que vieron el potencial de esas zonas económicas exclusivas. Y rápidamente, todo el país adoptó el régimen.
“La experiencia china demostró que tener un marco normativo especial, diferenciado con reglas claras y estables, es un punto de partida que le permitió a ese país el crecimiento sostenido que tuvo después y que contaminó todo el resto de la economía. Y el RIGI debería aspirar a replicar esa lógica", consideró.
Los componentes de esa lógica que debería contemplar el RIGI, en la mirada de Rueda, implica generar condiciones de previsibilidad, de competitividad para grandes inversiones y adelantar estabilidad macroeconómica a esos proyectos. Y como aquellas primeras zonas económicas exclusivas chinas, los proyectos podrán ir demostrando sus posibilidades de desarrollo; y el gobierno ampliar las actividades alcanzadas.
"El decreto 105 es justamente eso: empezar a ampliar el RIGI a partir de la prueba de que este régimen funciona para atraer inversiones, ya sea en minería, como está pasando, en transporte y exportación de crudo, como el caso de VMOS, y en los proyectos actuales de GNL.
La demanda interna también es prioridad
En el contacto con este medio, Rueda planteó que así como permite y se piensa en ampliar la exportación por ductos de petróleo y gas a países vecinos, como Chile o o Brasil, también el RIGI podría servir para promover inversiones que apunten al abastecimiento de largo plazo de la demanda base interna de las distribuidoras, esa demanda que está en el Plan Gas.
“De existir estos proyectos de largo plazo para demanda prioritaria, no sólo asegurás la estabilidad del suministro en el mercado interno, sino que también fortalecés a los proyectos de exportación. Así, generás certeza de que el abastecimiento interno está bien abastecido o tiene compromisos de inversión suficientes para asegurarlo en el largo plazo y generás una base productiva más robusta y una infraestructura mucho más desarrollada”, apuntó.
“El RIGI tiene ese potencial de evolucionar a una plataforma más amplia, que no se limite a la inserción de la Argentina en el mundo vía proyectos exportadores, sino inclusive para dar seguridad en en el mercado energético interno”, remarcó el abogado de Martínez de Hoz & Rueda.