La Patagonia empieza a tener cada vez mayor gravitación, ya no sólo desde el punto de vista económico, sino también desde la defensa nacional.
Es que, para mantener operativos los nuevos oleoductos y gasoductos, incluyendo a la nueva terminal portuaria que está construyéndose en la costa del Golfo San Matías, se requerirán niveles especiales de seguridad.
En estos momentos las Fuerzas Armadas argentinas están concluyendo el Ejercicio Kekén, uno de los despliegues militares más importantes de los últimos años en Argentina. Se movilizaron recursos militares en distintos puntos de la Patagonia para simular un eventual ataque a infraestructura petrolera.
Si bien el ejercicio se realizó en las provincias de Chubut y Santa Cruz, bien podría servir de ensayo para proteger la integridad de toda la red de gasoductos, estaciones de bombeo, oleoductos y tanques que hoy está construyéndose en torno a la cuenca neuquina.
Garantizando la continuidad operativa
Esta franja del país, que va desde Vaca Muerta hasta el Océano Atlántico, tradicionalmente vinculada al turismo y la fruticultura, hoy está reconfigurándose rápidamente como un nuevo corredor energético de proyección regional, elevando su estatus a un activo de primer orden para la defensa.
Una vez en operación plena, el Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS) podrá transportar hasta 720 mil barriles diarios, generando exportaciones anuales sin precedentes. Por esos ductos pronto van a correr 40 mil millones de dólares. En la nueva terminal portuaria de Punta Colorada están construyéndose 6 tanques de 120 mil metros cúbicos (los mayores del país), además de una infraestructura marítima que extenderá el ducto 9 km mar adentro.
Esta extensión permitirá el acople con buques de gran porte. La profundidad de la terminal posibilitará por primera vez en esta región la operación de Very Large Crude Carriers (VLCC), los mayores petroleros del mundo.
Todo esto representará un incremento que aliviaría los cuellos de botella logísticos y posicionaría a la Argentina como un proveedor relevante de crudo y gas en el mercado internacional. Pero, para que esto sea posible, garantizar la continuidad operativa de este corredor será tan crítica como la protección de la Casa de Gobierno o las represas hidroeléctricas.
¿Por qué es clave proteger la infraestructura energética?
A diferencia de otras épocas en las que los conflictos bélicos tenían como objetivo principal la destrucción física de tropas, las “guerras hídridas” de este siglo parecen tener la mira puesta en la infraestructura crítica como blanco prioritario. South Pars y Ras Laffan fueron casos emblemáticos este año.
La Guerra de Ucrania es otro ejemplo de este cambio de paradigma: en 2022 los ductos del Nord Stream, que se habían construido para transportar gas natural desde Rusia hacia Alemania a través del Mar Báltico, sufrieron un ataque que terminó teniendo un impacto directo en la economía de Europa, y cuyos efectos se extienden hasta hoy.
En ese momento, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió: “Cualquier interrupción deliberada de la infraestructura energética europea es inaceptable y conducirá a la respuesta más fuerte posible”.
Como se sabe, el ataque al gasoducto Nord Stream en 2022 tuvo consecuencias económicas inmediatas para toda la Unión Europa, obligando al continente a una reconfiguración urgente en su matriz de suministro. Europa terminó dependiendo del GNL importado, principalmente desde Estados Unidos, a precios elevados.
La Cuenca Neuquina, una nueva zona clave para la seguridad nacional
El valor estratégico que adquiere hoy Vaca Muerta y su zona de influencia ya no se limita a la extracción. También se extiende a todo el corredor logístico que la conecta con el Golfo San Matías y, desde allí, al resto del mundo. Este nuevo eje geopolítico probablemente requiera medidas especiales y recursos adicionales de seguridad para garantizar el tránsito ininterrumpido de personal y materiales.
La protección abarcaría toda la cadena de valor: desde los pozos de extracción y las plantas de tratamiento en Neuquén, pasando por las estaciones de bombeo en la provincia de Río Negro, hasta las terminales marítimas y puertos de exportación. Una eventual interrupción de este flujo en cualquier punto del corredor comprometería directamente la capacidad exportadora y el desarollo del sector en el país.
Ejercicio Kekén
En estos momentos, las Fuerzas Armadas argentinas están culminando el Ejercicio Kekén, consolidándose como uno de los despliegues militares más significativos y ambiciosos de los últimos años en el país. Con el objetivo de fortalecer la capacidad defensiva estratégica, se movilizaron importantes recursos militares a lo largo de diversos puntos clave de la Patagonia, todo ello con la finalidad de simular la respuesta ante un eventual ataque a la infraestructura de los pozos petroleros.
Participaron más de 3.200 efectivos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Se movilizaron 315 vehículos, incluyendo unidades blindadas y de combate, y aeronaves como los Hércules C-130.
Se probaron sistemas de última generación, como el sistema de defensa aérea RBS 70NG, vehículos Stryker, drones y equipos anti-drones. La logística incluyó el traslado de fuerzas mediante dos trenes completos y camiones desde distintos puntos del país.
Este tipo de maniobras marca un cambio en el enfoque estratégico hacia la protección de recursos energéticos, ahora considerados vitales para la seguridad nacional.