Saga Contreras: cómo es la rama familiar patagónica que se asoció con la italiana Sicim y se quedó con el mayor gasoducto del GNL

Víctor Contreras —fundada en los años setenta como escisión de Contreras Hermanos, la patagónica de 1947— integra una unión transitoria con la italiana Sicim, ex contratista de la Agip que hoy es Eni. La firma local recupera protagonismo tras años de bajo perfil; la italiana debuta en la Argentina por la puerta del proyecto Southern Energy. En la misma compulsa también participó, en otro consorcio, Contreras Hermanos: la casa madre de la familia

por Martin Oliver

Gasoducto Perito Francisco Moreno (antes denominado GPNK Tramo Mercedes Cardales) donde participó Contreras — default

La adjudicación de la obra civil del gasoducto que conectará Vaca Muerta con el Golfo San Matías tiene un trasfondo de saga familiar que hasta ahora no se puso en primer plano. 

La unión transitoria que se quedó con los 471 kilómetros del ducto la integran la italiana Sicim, con el 51%, y la argentina Víctor Contreras, con el 49%. 

La socia local nació en la década de 1970, cuando uno de los nueve hermanos fundadores se separó de la sociedad familiar y abrió su propia empresa, especializada en tendidos de grandes diámetros para la industria del petróleo y el gas. Esa firma, durante años de menor protagonismo en el mercado argentino, vuelve ahora al centro de la escena de la mano de la mayor obra de gas de la última década. Y lo hace en una compulsa en la que, como tercera oferta, también compitió Contreras Hermanos —hoy operada bajo el nombre Contreras—, en consorcio con la estadounidense Pumpco y la italiana Bonatti.

Contreras, el clclo histórico completo

Una historia familiar partida en dos

Contreras Hermanos nació en Zapala el 12 de octubre de 1947, según consigna el sitio corporativo de la firma. La fundaron nueve hermanos —el menor, Carlos «Pichón» Contreras, vivió hasta 2001— con un capital escaso y un primer contrato modesto para YPF en Comodoro Rivadavia. Para 1949 ya había ejecutado un gasoducto de 1.605 kilómetros que en su momento fue uno de los más extensos del mundo. En las décadas siguientes diversificó hacia obras viales, mineras y nucleares, se asoció con la estadounidense Bechtel y, durante los gobiernos kirchneristas, fue una de las constructoras de cabecera del Estado en proyectos de transporte de hidrocarburos. Hoy declara más de 6.200 kilómetros de ductos construidos.

En la década de 1970, uno de los nueve hermanos se separó de la sociedad familiar y fundó Víctor Contreras, especializada en tendidos de grandes diámetros para la industria de hidrocarburos. Con los años perdió presencia en el mercado local, pero conservó la experiencia técnica acumulada en más de cien ductos y unos 6.000 kilómetros instalados, según informa en su sitio corporativo. Que las dos firmas Contreras compitieran ahora en consorcios separados era un dato conocido en el sector, pero la coincidencia editorial era inédita: la escisión y la casa madre, en la misma licitación, por la misma obra. La primera ganó; la segunda quedó tercera.

Sicim, la italiana del valle del Po

Sicim es una constructora especializada en ingeniería, suministro y construcción de ductos y plantas de tratamiento de petróleo, gas y agua, con sede en Busseto, en la provincia italiana de Parma. Nació en 1962 como contratista del extinto gigante italiano Agip, fundamentalmente para la construcción de la red de transporte de hidrocarburos del grupo. Cuando Eni absorbió Agip en 2013, Sicim ya operaba como una compañía global independiente. Hoy declara cerca de 11.000 empleados distribuidos en 26 sedes y más de 20.000 kilómetros de ductos instalados a lo largo de su historia, según su sitio corporativo.

La matriz industrial de Sicim proviene del mismo ecosistema italiano del que hoy forma parte Eni

El detalle del origen no es menor para esta nota. La matriz industrial de Sicim proviene del mismo ecosistema italiano del que hoy forma parte Eni, una de las socias estratégicas de YPF en el proyecto Argentina LNG. Y hay un segundo punto de contacto: Sicim opera desde hace años en Camerún, el país desde el cual viene el Hilli Episeyo, el buque flotante de licuefacción que SESA instalará a fines de 2027 en el Golfo San Matías. 

Ninguno de los dos lazos se traduce en sociedad formal, pero ambos perfilan a la firma como un actor del circuito europeo del gas con experiencia en geografías de licuefacción flotante. La obra del Tratayén–San Antonio Oeste será su debut formal en la Argentina.

La unión con Víctor Contreras responde al modelo clásico de constructora internacional aliada con socia local: la primera aporta capacidad financiera, ingeniería de detalle y respaldo de matriz; la segunda, conocimiento del terreno, gestión de permisos y mano de obra calificada en tendidos de grandes diámetros. La participación 51-49 ubica el liderazgo formal del proyecto del lado italiano.

La compulsa: cinco oferentes y una decisión unánime

La licitación se cerró el 12 de enero, atravesó un primer filtro técnico a fines de febrero y entró en la evaluación económica decisiva durante marzo y abril. Por el ducto compitieron cinco propuestas: la UTE Sicim–Víctor Contreras, Techint Ingeniería y Construcción junto a SACDE, Oilfield Production Services (OPS), BTU y un consorcio internacional integrado por Pumpco —subsidiaria de la estadounidense MasTec, controlada por los hermanos Jorge y Alejandro Mas, dueños del Inter Miami—, la italiana Bonatti y, en el rol de socia local, Contreras Hermanos.

Al cierre, las cinco ofertas se ordenaron de tal modo que la UTE Sicim–Víctor Contreras quedó primera por diferencia, con una propuesta cercana a los u$s 530 millones. La decisión del directorio de San Matías Pipeline fue unánime; Marcelo Mindlin, presidente de Pampa Energía y accionista del consorcio, se autoexcluyó del comité por competir simultáneamente a través de SACDE. Más allá del precio, las socias de SESA valoraron la flexibilidad financiera de la oferta —la UTE no pidió anticipo de pago— y las garantías de cumplimiento aportadas por la matriz italiana de Sicim.

La obra y su lugar en el sistema

El proyecto contemplaba cuatro renglones: tres tramos del ducto de 36 pulgadas y una planta compresora de 46.000 caballos de fuerza ubicada en el kilómetro 80 de la traza. La UTE Sicim–Víctor Contreras se quedó con los tres tramos del ducto. La planta compresora fue adjudicada a OPS, una constructora neuquina que también había competido en la línea principal. El gasoducto correrá entre Tratayén y San Antonio Oeste —29 kilómetros en Neuquén y 443,5 kilómetros en Río Negro— con capacidad de transporte de 27 millones de metros cúbicos diarios, según los términos de la Audiencia Pública convocada en abril por la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático rionegrina. 

La inversión total prevista para la infraestructura asciende a u$s 1.300 millones, según los términos de la presentación al RIGI elevada por San Matías Pipeline. Las turbinas de la planta compresora fueron adjudicadas en abril a Baker Hughes, y los caños provendrán de la india Welspun, decisión tomada en enero que había desplazado a Tenaris y generó la primera fricción del proyecto con el Grupo Techint.

En términos comparativos, la oferta de la UTE arroja un costo unitario cercano a u$s 1,13 millones por kilómetro tendido, por debajo de las referencias del mercado argentino para obras de mediana complejidad en la última década. La presión de operación de un gasoducto de transporte —menor que la de un oleoducto presurizado como el VMOS— y el carácter monoadjudicatario del tendido, sin coordinación entre múltiples contratistas en distintos tramos, explican parte del diferencial.

Un revés que también golpea a Techint

La adjudicación tiene una segunda lectura que excede a la familia Contreras. Para Techint, la pérdida del tendido del ducto es la segunda derrota consecutiva en el ecosistema Southern Energy. La primera había sido en enero, cuando su subsidiaria Tenaris quedó fuera de la provisión de los caños frente a Welspun, episodio que derivó en una serie de declaraciones cruzadas entre el Gobierno y el Grupo Techint

El dato técnico, sin embargo, es que Techint–SACDE lleva adelante la construcción del oleoducto VMOS, que sigue una traza prácticamente paralela a la del nuevo gasoducto, y partía con una ventaja logística relevante: campamentos, frentes de obra y recursos compartidos a lo largo de Río Negro. Esa ventaja no alcanzó para compensar el diferencial económico de la oferta italo-argentina.

Que la firma que se queda con la principal obra de gas de la década en la Argentina sea, en su origen, la escisión menor de una constructora patagónica fundada por nueve hermanos en 1947 tiene algo de cierre de un círculo largo. La casa madre construye desde los gobiernos peronistas hasta los kirchneristas; la escisión, que durante años perdió volumen y visibilidad, vuelve al centro del juego en el modelo Milei, con una socia italiana sin antecedentes locales y un proyecto cuya bandera política es la adjudicación competitiva en obra privada. La saga Contreras se reescribe, por elevación, en el principal proyecto exportador del país.