El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que su país retoma el control de la seguridad en el estrecho de Ormuz y que, a partir de ahora, cobrará una tasa del 20% sobre el valor de la carga de los buques que transiten por esa vía, en concepto de protección. La medida fue comunicada a través de Truth Social, donde el mandatario sostuvo que el paso permanecerá abierto "con o sin Irán".
El anuncio tuvo un impacto inmediato en los mercados: el crudo Brent, referencia en Europa, profundizó su tendencia alcista de la jornada hasta acercarse a los 80 dólares por barril, en tanto que el WTI, de referencia en Estados Unidos, también amplió sus ganancias y se ubicó por encima de los 74 dólares.
La escalada verbal de Trump fue interpretada por los operadores como una señal de mayor incertidumbre sobre la continuidad del tránsito normal por la zona, lo que alimentó las compras de cobertura ante el riesgo de una interrupción del suministro.
Según explicó Trump, Washington reinstaura lo que denominó el "bloqueo iraní": una restricción que solo afectará a los buques y clientes iraníes, mientras que el resto de los países podrá seguir operando con normalidad en la zona. El presidente calificó a Estados Unidos como el nuevo "guardián del estrecho de Ormuz" y justificó el cobro del gravamen como una forma de compensar los costos de brindar seguridad en una región que describió como sumamente inestable.

El anuncio no incluyó precisiones sobre el mecanismo de recaudación ni sobre qué organismo estaría a cargo de aplicar la tasa. Horas antes, en una entrevista con Fox and Friends, Trump ya había adelantado que su país asumiría ese rol de custodio remunerado. En la misma entrevista afirmó que fuerzas estadounidenses habían destruido gran parte del equipamiento militar iraní durante los ataques de la noche anterior, incluyendo baterías antiaéreas, y señaló que un acuerdo previo alcanzado con Teherán había sido incumplido por la contraparte.
Tensión creciente con Irán
La ofensiva verbal de Trump se da en medio de un fuerte recrudecimiento del conflicto con Irán. Antes de sus declaraciones, el ejército iraní había advertido a los países del golfo Pérsico que cualquier colaboración con Estados Unidos en la administración del estrecho sería interpretada como un acto de guerra. Un vocero militar iraní remarcó que Teherán no permitirá bajo ninguna circunstancia que Washington intervenga en el manejo de esa vía marítima, mientras que la Guardia Revolucionaria acusó a Estados Unidos de poner en riesgo el abastecimiento mundial de petróleo y gas, y ratificó que Irán continuará ejerciendo su soberanía sobre la zona.
El cruce de mensajes ocurre en el marco de una nueva ola de ataques entre ambos países, la más intensa desde el cese del fuego pactado en abril. El Comando Central de Estados Unidos confirmó una nueva serie de bombardeos contra defensas antiaéreas, radares costeros y capacidades de misiles y drones iraníes.
Como respuesta, la Guardia Revolucionaria reivindicó ataques contra bases estadounidenses ubicadas en Baréin, Jordania, Kuwait y Omán. Este nuevo capítulo de violencia se produce apenas semanas después de que ambas naciones hubieran firmado una tregua interina de 60 días, cuya vigencia queda ahora en duda.

Un corredor clave
El estrecho de Ormuz, de solo 33 kilómetros en su tramo más angosto, une el golfo Pérsico con el mar de Omán y constituye el paso energético más relevante del planeta: antes de la escalada actual, por allí circulaba cerca de una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado que se comercializa a nivel global. La propuesta de gravar con un 20% la carga que atraviese la zona marca un punto de inflexión en la disputa por el control del paso y abre la puerta a nuevas tensiones con los países cuyas economías dependen de esa ruta comercial.