La Iniciativa Minera Sueca tuvo siempre su sede natural en la Ciudad de Buenos Aires.
Era lo esperable: allí están la embajada, las oficinas comerciales y buena parte de las casas matrices de las compañías que operan en el país. Esta vez el recorrido fue al revés. El despliegue central se mudó a San Juan, por primera vez fuera de la Capital, y el cambio de escenario dice bastante sobre dónde mira hoy la industria proveedora europea cuando piensa en la Argentina.
Una delegación de más de 40 referentes del sector público y privado sueco llegó a la provincia en un momento particular: la antesala de la puesta en marcha de los grandes proyectos de cobre, y con yacimientos de oro de clase mundial ya consolidados. No fue una visita de cortesía. Fue una misión con tres patas bien definidas, tecnología, financiamiento y formación, que responde a un concepto de cuño nórdico: la triple hélice.
La organización estuvo a cargo de la Embajada de Suecia en la Argentina, Business Sweden y la Oficina Comercial del país nórdico, con el respaldo institucional de la red Team Sweden. El objetivo declarado es consolidar un puente de colaboración de largo plazo. Y tiene antecedentes: la misión es la continuidad de las gestiones iniciadas en 2025, cuando diplomáticos y directivos suecos mantuvieron los primeros contactos formales con la Gobernación provincial y con los operadores de la alta cordillera. Aquello fue exploratorio. Lo de ahora ya tiene otra escala.
La primera parada: la Cámara Minera
La agenda arrancó en la sede de la Cámara Minera de San Juan. Allí la comitiva se reunió con el directorio de la entidad y con representantes de los principales actores de la actividad regional: Los Azules, Vicuña, Veladero, Gualcamayo y Glencore.
La lista de interlocutores funciona como un mapa de la minería sanjuanina. Están los proyectos de cobre en desarrollo, entre ellos Vicuña, que ya tiene aprobada su adhesión al RIGI en dos etapas, las operaciones de oro en producción y uno de los grandes jugadores globales del sector. Cada uno llega a la mesa con necesidades distintas. Un proyecto que todavía no construyó su planta discute ingeniería, equipos y plazos. Una mina que lleva años operando discute eficiencia, costos y vida útil. El encuentro sirvió para delinear, con ese nivel de detalle, las demandas tecnológicas, operativas y ambientales del actual ciclo de expansión minera.
Las agencias de crédito, el dato que diferencia a la misión
Las delegaciones comerciales suelen traer catálogos. Esta trajo además financiamiento, y ahí está probablemente su rasgo más distintivo.
Participaron SEK (Svensk Exportkredit) y EKN (Exportkreditnämnden), las agencias de crédito a la exportación respaldadas por el Estado sueco. El esquema es conocido en el comercio internacional: una entidad aporta el crédito, la otra garantiza el riesgo, y el comprador accede a condiciones que el mercado local difícilmente ofrece. Lo que ponen sobre la mesa es financiamiento competitivo y cobertura de riesgos para empresas operadoras y proveedoras, con la mira en facilitar la radicación de capitales de largo plazo.
En una región donde la macroeconomía encarece cualquier decisión que se mida en décadas, ese paquete pesa tanto como la tecnología. Una perforadora o un sistema de automatización se pueden comprar a varios proveedores del mundo. La diferencia aparece cuando el equipo llega con el crédito incluido.
"Suecia combina más de mil años de tradición minera con innovación, energía limpia y colaboración. Queremos poner esa experiencia al servicio de una minería argentina cada vez más productiva, segura y sostenible, y construir relaciones de largo plazo con San Juan", dijo Torsten Ericsson, embajador de Suecia en la Argentina.
Jesper Bernhardsson, gerente general de Business Sweden para el Cono Sur, apuntó en la misma dirección: "Argentina, y particularmente San Juan, se ha consolidado como uno de los polos más dinámicos para el desarrollo minero en la región. Desde Suecia vemos una gran oportunidad para profundizar la cooperación entre nuestros países, combinando experiencia, innovación y tecnología con las necesidades y desafíos del sector local".
Las dos declaraciones comparten una expresión que no es casual: largo plazo. Es el horizonte en el que se mueve el cobre, y también el de las agencias que financian su equipamiento.
Quiénes vinieron y qué se discutió
El núcleo técnico de la misión se organizó en mesas de trabajo temáticas, pensadas para el intercambio directo entre los expertos suecos y los operadores locales. Los ejes fueron cinco: digitalización, personas y talento, medioambiente y sostenibilidad, proyectos en etapa de preoperación y optimización de operaciones extractivas.
Detrás de esos títulos hubo discusiones concretas. Cómo mejorar la eficiencia energética de una operación en altura, en un sector donde la demanda eléctrica del cobre ya se mide en 1.500 MW. Cómo reducir la huella de carbono. Y, sobre todo, cómo potenciar la gestión del agua, el recurso más sensible en el entorno cordillerano y el que suele ordenar buena parte de la conversación pública sobre la minería.
Del lado empresario participaron ABB, Atlas Copco, Boreal Orchards, Epiroc, Kreab, Octave, Sandvik, Securion, SKF, Volvo Group y Kiruna Drilling (Wassara). Los acompañaron delegados del Consejo Internacional de la Industria Sueca y de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (ASDI).
El listado cubre maquinaria pesada, perforación, automatización y seguridad industrial. Es, en la práctica, la cadena completa de lo que una mina de cobre compra antes de producir su primera tonelada. Las firmas expusieron carteras de soluciones orientadas a maximizar la productividad sin resignar estándares internacionales de seguridad operativa, un equilibrio que la industria sueca presenta como marca propia.
El modelo de la triple hélice: universidad y visitas a terreno
La misión sumó a la academia, fiel al modelo nórdico de la triple hélice, que articula industria, gobierno y universidades. La idea es simple de enunciar: ninguno de los tres actores resuelve por separado los desafíos de una actividad como la minería, y los resultados aparecen cuando trabajan coordinados.
En San Juan ese enfoque tuvo una expresión concreta. En la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) quedó inaugurada una muestra minera institucional del Instituto Sueco, orientada a promover el intercambio científico y la formación de talento especializado. No es un detalle menor para una provincia que va a necesitar técnicos e ingenieros en cantidad si los proyectos de cobre avanzan como se espera. La mesa de personas y talento y la muestra en la universidad hablan, en el fondo, de lo mismo.
La comitiva tampoco se quedó en los despachos y los seminarios. Los delegados hicieron una visita operacional al proyecto de cobre Los Azules, que cerró un préstamo de u$s 240 millones y espera su decisión final de inversión para mediados de 2027, y recorrieron la planta de procesamiento de piedra caliza que opera Calidra. Fue la manera de dimensionar en el propio terreno las exigencias geográficas, logísticas y humanas de la actividad en la cordillera de los Andes, algo que ninguna presentación termina de transmitir.
Lo que deja la escala sanjuanina
Vista en conjunto, la misión ordena las piezas de una estrategia. Las empresas aportan los equipos y la tecnología. Las agencias estatales aportan el crédito y la garantía. La academia aporta la formación. Industria, gobierno y universidad: otra vez la triple hélice, ahora aplicada a un mercado puntual.
Para San Juan, la visita confirma su lugar en el radar de los proveedores globales, en un ciclo donde la provincia concentra buena parte de las expectativas del cobre argentino. Para Suecia, es una apuesta por llegar temprano, cuando las decisiones de compra todavía se están tomando.
La gira sigue ahora hacia Perú. La primera escala fue San Juan.