Por segundo mes consecutivo, Argentina produjo más de 874.000 barriles de petróleo por día.
En febrero la cifra se ubicó en ese nivel —con un alza del 15,8% respecto del mismo mes de 2025, según informó la Secretaría de Energía de la Nación— y así confirmó que el nuevo techo no fue un pico estacional sino el piso desde el que el sector opera hoy. Es la primera vez en la historia del país que dos meses seguidos superan los 870.000 bbl/d.
Neuquén aportó 603.793 bbl/d durante el mes, de acuerdo con el informe del Ministerio de Energía provincial, lo que equivale al 69,1% de la producción nacional. Dentro de ese volumen, el petróleo no convencional de Vaca Muerta concentró el 96,92% de la extracción neuquina, con 585.182 bbl/d. La cuenca creció 30,36% en términos interanuales, casi el doble del ritmo que registró el promedio del país, lo que ilustra cuánto arrastra todavía el declino de las cuencas maduras en el agregado nacional.
Fuera de Neuquén, el mapa muestra otra historia. Las cuencas del Golfo San Jorge, Austral y Cuyana retroceden año a año sin contrapeso local de magnitud comparable. El petróleo convencional pierde terreno de manera estructural: pozos que declinan por su propio peso, inversiones insuficientes para revertir la tendencia, y un modelo productivo que depende cada vez más de un único distrito geológico para sostener el número agregado.

Lo que Argentina produce hoy no tiene antecedente en su historia industrial. El pico absoluto anterior databa de 1998, cuando el país promedió 846.900 bbl/d a lo largo del año. Ese máximo fue superado en octubre de 2025 y desde entonces la producción no volvió a ceder por debajo de esa marca. Febrero desplaza ese umbral un escalón más arriba y lo hace de manera consecutiva, sin la ayuda de un mes excepcional que infle el promedio. Argentina tardó 27 años en volver a este nivel; lo que falta saber es si puede mantenerlo y extenderlo con la velocidad que exige la meta de este año.
Shale24 calcula que la distancia hasta el millón de barriles diarios comprometido por Horacio Marín, presidente de YPF, para el transcurso de 2026 es de 126.000 bbl/d.
Al ritmo de incremento observado entre octubre de 2025 y febrero de 2026 —aproximadamente 3.600 bbl/d adicionales por mes— el país no llegaría a esa marca dentro del año calendario si la tasa de crecimiento se mantuviera lineal. Alcanzar el millón antes de diciembre exige acelerar la rampa. La geología de Vaca Muerta puede soportarlo; la infraestructura de transporte todavía no garantiza que cada barril producido encuentre salida al mercado internacional.

Con el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) aún sin fecha de entrada en operación comercial confirmada, la evacuación del crudo desde la cuenca neuquina hacia el Atlántico sigue siendo la restricción más concreta del sistema. La capacidad que el proyecto sumará a la red —estimada entre 180.000 y 230.000 bbl/d según distintas fuentes— ampliaría de manera sustancial el margen exportador una vez habilitada, pero ese momento no tiene calendario público. Mientras tanto, el crecimiento productivo presiona sobre una infraestructura pensada para volúmenes menores.
El millón de barriles tiene una dimensión simbólica que la industria argentina conoce bien: nunca lo alcanzó. Cuando VMOS entre en servicio y la capacidad de evacuación deje de ser el límite, la conversación cambia de signo. El millón dejaría de ser la meta para convertirse en el punto desde el que empieza la siguiente.