Cuando CoreMarine y Jumbo Offshore fueron adjudicadas en abril por Southern Energy para el transporte, la instalación y la conexión de los dos FLNG en el Golfo San Matías, el anuncio se leyó en clave logística.
Un mes después, en una entrevista, Ben Fitzgerald, CEO de la firma noruega con base de operaciones en ese país, salió a poner el contrato en otra escala.
Lo que para una lectura industrial argentina parecía la incorporación de un proveedor europeo más al corredor SESA, para el ejecutivo es algo distinto. Su frase central es de doctrina: el objetivo es "construir un ecosistema local de capacidad que pueda sostener múltiples proyectos". El verbo —construir— no es decorativo. Describen la mirada de la firma, lo que es necesario edificar.
Las cuatro piezas de la doctrina
Fitzgerald no usa el término “cuello de botella”. Habla, en cambio, de “frontier logistics”: operar lejos de las bases logísticas globales, en una región sin historia offshore consolidada.
La fórmula encierra cuatro piezas que se sostienen entre sí. La primera es geográfica: para CoreMarine no hay mercado naval listo en el Atlántico Sur. La segunda es temporal: hay dos campañas consecutivas, en 2027 y 2028, que tienen que dejar lecciones aprendidas de la primera para la segunda.
La tercera es contractual: el contrato es un modelo de ejecución integrado que cubre desde la ingeniería hasta el “pre-commissioning” final. Y la cuarta es estratégica: lo que se construye no termina con las dos FLNG, sino que tiene que servir para los proyectos que vendrán después.
El comunicado conjunto que CoreMarine y Jumbo firmaron en abril ya había puesto ese principio en el documento fundacional del proyecto. Entre los cuatro pilares que las firmas declararon como criterios rectores aparece, junto al de seguridad y al de transparencia, el de creación de valor local: desarrollo de capacidad regional y uso de recursos locales donde sea posible.
La frase, leída desde un mercado argentino que hasta ahora vio entrar a proveedores extranjeros sin ese tipo de declaración explícita (Sicim para la obra civil del San Matías Pipeline, DOF noruega para Punta Colorada, Welspun india para los caños), es la formalización de un proyecto.
Quién es la firma que viene a armar el mercado
Hay una paradoja en la postura. CoreMarine es una firma muy chica para el alcance de la tesis que enuncia.
Fundada en 2016 en Stavanger, la capital petrolera de Noruega, nació como respuesta directa a la crisis de precios del petróleo que entre 2014 y 2016 dejó a buena parte de la industria offshore noruega sin trabajo. Los ingenieros que perdieron sus puestos en SLB, Technip y los grandes operadores armaron, con plantilla mínima, firmas boutique de consultoría e ingeniería. CoreMarine fue una de ellas: hoy emplea alrededor de una docena de personas distribuidas entre Stavanger, Madrid y una oficina en Australia.
Fitzgerald, el CEO, viene de ese mundo: pasó por SLB y Technip antes de fundar la firma.
La operación española la dirige Carlos Lopez-Pavon desde Madrid, y es desde esa base que se ancla el contrato latinoamericano. El portafolio de proyectos de CoreMarine combina dos pilares: el legado de oil & gas y un creciente trabajo en energía eólica marina flotante, donde aparece como socio de proyectos como FLAGSHIP, el programa H2020 que lidera Iberdrola para instalar la turbina flotante más grande del mundo frente a la costa noruega.
Toscana, Baleine, Río Negro: la curva de escala
El antecedente que más se cita de CoreMarine es la FSRU Toscana, frente a la costa de Livorno, en Italia. Pero el rol de la firma en ese terminal no fue la instalación original (que ejecutó Saipem en 2013 a partir de la conversión del LNG carrier Golar Frost), sino una intervención mucho más reciente y específica: en 2024, cuando la FSRU tuvo que entrar en mantenimiento extraordinario para cambiar el rodamiento principal del turret, CoreMarine ejecutó la desconexión de los risers y los amarres y, meses después, la reconexión.
La firma describió ese trabajo, en su propio comunicado, como su proyecto más rápido y complejo hasta esa fecha.
El otro antecedente que se menciona es el FPSO Firenze, ahora rebautizado Baleine en aguas de Costa de Marfil, donde Eni opera el mayor descubrimiento de hidrocarburos del país. En ese proyecto CoreMarine apoyó tareas de ingeniería de amarre, pero el rol de lead contractor lo tuvo Saipem y la instalación del sistema de anclaje la hizo Delmar Systems. CoreMarine no estuvo a cargo del paquete entero.
Visto contra ese telón, lo que les toca en Argentina es de otra naturaleza.
Fitzgerald lo dijo en términos diplomáticos: los proyectos del Hilli Episeyo y el MK II representan, según él, "un salto de escalón en complejidad y escala" respecto de las campañas previas de la firma.
Es la primera vez que CoreMarine es lead contractor de un sistema de amarre completo, con scope que arranca en project management e ingeniería de detalle y termina en el pre-commissioning final, pasando por buceo de saturación complejo y trabajos de spools subacuáticos. Subcontrata a Jumbo Offshore —la firma holandesa con flagship Fairplayer DP2 y track record en soft-yoke en Brasil y Camerún— para transportar e instalar el SSY que provee NOV.
Lo que se pone en juego entre 2026 y 2028
La pregunta operativa, hoy, es qué tan adelantada está la ejecución. La ingeniería arrancó en enero, tres meses antes de la formalización del contrato en abril. Al 21 de mayo, Fitzgerald describió a la publicación “Offshore Magazine” que la ingeniería de izaje pesado para instalar el SSY está bastante avanzada y que la planificación del buceo en saturación avanza con procedimientos en detalle.
Lo que resta del año se va a completar en ingeniería detallada, finalización de procura y movilización para la primera campaña offshore.
Un ciclo nuevo que CoreMarine despliega para Río Negro es la del digital twin: un modelo en tiempo real del activo y sus movimientos durante las fases críticas del pull-in y el hookup.
Fitzgerald lo describe como una herramienta cuyo rol es "mejorar la conciencia situacional durante las fases críticas" del posicionamiento, sumando una capa de monitoreo a los análisis de ingeniería convencionales y los procedimientos marinos. Es una de las pocas capas de mitigación posibles para un sistema SSY en aguas argentinas, donde no hay mercado naval para corregir sobre la marcha si algo se mueve en el fondo.
A lo largo de 2027, el foco se desplaza a la ejecución offshore del Hilli y a la ingeniería del MK II en paralelo.
El primer envío está previsto para fines de 2027, con la instalación del segundo buque programada para 2028 — el hito industrial que el propio CEO anota como la primera aplicación de tecnología SSY en aguas argentinas.