Al VMOS le queda chico el plan antes de haber transportado su primer barril. La obra que va a unir Allen con Punta Colorada atraviesa sus últimos meses de construcción, con la primera exportación prevista para comienzos de 2027. Hasta ahora, la conversación giraba en torno a cuándo llegaría a su capacidad de diseño. En los últimos días, la pregunta empezó a ser otra.
El martes, en el Encuentro con los CEOs que se hizo en el Espacio DUAM de Neuquén, Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, contó que en VMOS ya trabajan sobre ese escenario. Gustavo Gallino, presidente de la sociedad y vicepresidente de Infraestructura de YPF, está estudiando cómo llevar el oleoducto a un millón de barriles diarios "lo más rápido posible".
Gallino es ingeniero civil y en construcciones, con más de 40 años en grandes obras de oil & gas. La mayor parte la hizo en Techint Ingeniería y Construcción, donde fue director general del Área Sur (Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay) y, antes, gerente general del Área Norte, a cargo de México, Estados Unidos y Centroamérica. El año pasado, Marín lo presentó como el ingeniero que dirigió el proyecto del Gasoducto Néstor Kirchner. Desde la vicepresidencia de Infraestructura de YPF sigue además el otro gran proyecto de la compañía hacia la costa rionegrina, Argentina LNG.
La razón del estudio, según Marín, es la demanda. "Necesitamos más capacidad en VMOS y ya la pedimos", explicó. Y YPF no es la única que golpea la puerta: "Todos están pidiendo mucha".
Para Marín, esos pedidos son un hecho concreto. Aclaró que no puede hablar de los pronósticos de los demás, solo de los de YPF. Nadie pide capacidad de más, razonó, porque hay que pagarla. Por eso los leyó como un buen indicio de que la cuenca va a ir más allá de los valores que se manejaban al comienzo.
En el caso de YPF, el pedido tiene una explicación propia. Marín anticipó que, cuando la compañía vuelva a reunirse con los inversores el año próximo, "se van a sorprender de la producción de diciembre del 27". Hoy YPF es el mayor cargador del sistema, con 164.000 barriles diarios contratados, el 29,82% del total.
No es la primera vez que lo insinúa. En septiembre, en una entrevista con Shale24, Marín ya había adelantado que habría una sorpresa gracias a VMOS y que YPF necesitaba llegar a la capacidad máxima del oleoducto antes de lo previsto.
La secuencia que lleva al millón
El cambio de tono se ve mejor con la secuencia completa. El VMOS arrancará con 180.000 barriles diarios y tiene una capacidad de diseño de 550.000. El proyecto contempla además una etapa posterior que lo llevaría a unos 700.000. Un millón implica un 82% más que el diseño actual y casi un 43% por encima de esa última fase.
Hace apenas dos meses, en la conferencia del segundo trimestre, Marín ataba la ampliación al ritmo del resto de los productores: si acompañaban la velocidad de YPF, la ubicaba en 2028; si no, desde 2029. Lo que dijo el martes en Neuquén sugiere que los otros cargadores ya contestaron.
En un oleoducto, la capacidad depende de cuánta presión se le puede meter al crudo para vencer la fricción contra las paredes. El problema es que esa fricción crece más rápido que el caudal: transportar el doble exige vencer bastante más del doble de pérdida de carga. Llevado al VMOS, pasar de los 550.000 barriles de diseño a un millón sobre el mismo caño de 30 pulgadas implica casi triplicar la pérdida de carga por fricción a lo largo de la traza.
Esa presión no se puede inyectar toda de una vez en la cabecera, porque cada tramo tiene una presión máxima de operación que fijan el espesor y el grado del acero. Por eso la primera herramienta es la que, según pudo saber Shale24, alcanza para llegar a 700.000: sumar estaciones de bombeo.
El diseño prevé la cabecera en Allen y una estación en Chelforó, a 110 kilómetros, con otra más adelante sobre la traza. Cada estación nueva acorta el tramo que el crudo recorre entre dos empujones, y así se gana caudal sin tocar el caño.
La segunda herramienta es química. Los reductores de fricción son polímeros de cadena larga que se inyectan en el crudo y amortiguan la turbulencia dentro del ducto. El caso clásico es el oleoducto Trans-Alaska, que desde fines de los años 70 ganó cerca de un 30% de capacidad con ellos sin sumar bombas ni cañerías. En la cuenca neuquina tampoco son una novedad: Oldelval recurrió a estos agentes cuando su sistema llegó al límite, mientras esperaba las obras de ampliación.
El límite aparece por otro lado. Con un millón de barriles diarios, el crudo correría dentro del VMOS a más de 4 metros por segundo, contra unos 2,4 en la capacidad de diseño. Es una velocidad alta para un oleoducto, con más desgaste, más energía de bombeo y transitorios de presión más exigentes de controlar.
Por eso, en este tipo de saltos, la tercera herramienta suele ser un loop: un tramo de caño paralelo en los segmentos más exigidos, que reparte el caudal entre dos líneas. Con dos caños de 30 pulgadas, cada uno movería 500.000 barriles a una velocidad similar a la del diseño original. Es la opción más cara y la más lenta de construir, pero la que deja margen.
En saltos de esta escala, lo habitual es combinar las tres: más bombeo, química y loops donde haga falta. A eso se suma la terminal. Con un millón de barriles diarios, Punta Colorada tendría que despachar un superpetrolero de 2 millones de barriles cada dos días.
El cuello de botella aguas arriba
Escalar el caño hacia el Atlántico es una parte del problema. La otra está antes de Allen. Al arranque, el VMOS dependerá del Oleoducto Vaca Muerta Centro (VMOC), el ducto de YPF que trae crudo desde Loma Campana y tiene unos 377.000 barriles diarios de capacidad. Alcanza para la primera etapa, pero no para los 550.000 de diseño, y mucho menos para un millón.
Un VMOS de esa escala exige además nuevas conexiones desde las áreas productoras, más bombeo y más almacenaje en Punta Colorada, donde se levantan seis tanques. Por eso, por ahora, es un estudio: hay que dimensionar el sistema entero, desde los yacimientos hasta las monoboyas. Es un trabajo a la medida de quien dirigió el Gasoducto Néstor Kirchner.
Marín, de todos modos, mira más lejos. Para él, Vaca Muerta puede llegar a 2 millones de barriles diarios, y a bastante más si las reservas son las que se dicen.