En abril de 2025, el CEO de MidOcean Energy, De la Rey Venter, describió al proyecto Lake Charles LNG como una pieza que iba a transformar el portfolio de la compañía. El argumento era preciso: MidOcean tenía activos en Australia, Perú y Canadá, todos en la Cuenca Asia-Pacífico. Lake Charles le daba acceso al Atlántico.
Ocho meses después, Energy Transfer suspendió el proyecto. El acuerdo con MidOcean quedó sin efecto. La diversificación geográfica que Venter había definido como condición estratégica volvió a ser un casillero vacío.
Lo que pasó en los tres meses siguientes redefine el mapa. En enero de 2026, ejecutivos de MidOcean se reunieron con el presidente Javier Milei en Casa Rosada para evaluar oportunidades en el sector energético argentino.
En marzo, la compañía cerró un aumento de capital por más de u$s 1.200 millones, con la japonesa Idemitsu Kosan como ancla del levantamiento. Y entre un hecho y otro, la guerra con Irán cortó el tránsito por el Estrecho de Ormuz y alteró los flujos de GNL que abastecen a Asia desde el Golfo Pérsico.
El hueco atlántico
MidOcean es un vehículo de inversión creado por EIG Global Energy Partners en 2022 con un objetivo declarado: construir un portfolio diversificado de participaciones minoritarias en proyectos de GNL a escala global. En tres años acumuló posiciones en seis megaproyectos operativos o en desarrollo. Saudi Aramco ingresó como accionista estratégico con el 49% por u$s 500 millones. Mitsubishi Corporation se sumó después. El modelo es claro: capital institucional a largo plazo, sin operación directa, apostando a la demanda estructural de GNL.
Pero el portfolio quedó concentrado. GNL Canada, Gorgon, Ichthys, Pluto, Queensland Curtis y Perú LNG comparten una característica: todos despachan hacia mercados asiáticos o están posicionados en la Cuenca del Pacífico. Lake Charles, en Louisiana, era la primera incursión en el Atlántico.
MidOcean iba a financiar el 30% de la construcción y recibir 5 millones de toneladas anuales. Venter lo dijo en el comunicado oficial: la diversificación geográfica era un habilitador clave para capturar valor desde un portfolio de GNL. Energy Transfer canceló el proyecto en diciembre de 2025 por costos inflados y un mercado spot comprimido. El hueco quedó abierto.
Buenos Aires, enero
El 14 de enero de 2026, un mes después de la caída de Lake Charles, Venter llegó a Buenos Aires. Lo acompañaron el vicepresidente senior Thomas Wheeler, el director de desarrollo de negocios Vahid Farzad y el director para América Latina, Jason Klein. Del lado argentino, Milei estuvo con el ministro de Economía Luis Caputo y el secretario de Coordinación de Energía y Minería Daniel González. También participaron directivos de Blacks Limited, un fondo británico cuyo rol en la conversación no fue precisado.
EIG respondió con una frase medida: se mostraron satisfechos de discutir oportunidades en el sector energético argentino como parte de su evaluación regular de negocios a nivel global. Bloomberg reportó que MidOcean estaba en conversaciones preliminares para sumarse a Argentina LNG, el proyecto de u$s 20.000 millones liderado por YPF y Eni que prevé al menos dos buques de licuefacción flotante con capacidad de 12 millones de toneladas anuales. Las fuentes aclararon que las conversaciones estaban en etapa temprana y que MidOcean podía retirarse.
Desde entonces, tres meses sin actualizaciones públicas. Ni confirmación ni desmentida.
Japón entra al capital accionario
El 17 de marzo de 2026, MidOcean anunció un aumento de capital por más de u$s 1.200 millones. El ancla fue Idemitsu Kosan, una de las mayores empresas energéticas de Japón, que comprometió u$s 500 millones. La compañía japonesa lo definió como su primer paso a escala completa en el negocio del GNL global.
El timing no es accidental. Japón es uno de los dos mayores importadores de GNL del mundo y su suministro depende fuertemente de cargamentos que transitan por el Estrecho de Ormuz o se originan en el Golfo Pérsico. Con el estrecho prácticamente cerrado desde fines de febrero, la lógica de diversificación de fuentes que Tokio venía promoviendo desde la crisis ucraniana pasó de ser una preferencia a una urgencia. Idemitsu no compró una participación en un proyecto específico: compró exposición al portfolio completo de MidOcean. Si Argentina LNG avanza y MidOcean participa, Idemitsu queda posicionada.
Cinco días antes del capital raise, MidOcean había cerrado la compra de participaciones de JERA en Gorgon e Ichthys, dos proyectos australianos que alimentan directamente al mercado japonés. La compañía sigue acumulando en Asia-Pacífico. Pero el capital fresco supera lo necesario para esas transacciones. Queda polvo seco.
La tesis atlántica
Lo que Venter articuló para Lake Charles no desapareció con la suspensión del proyecto. El argumento de fondo sigue intacto: un portfolio concentrado en una sola cuenca tiene riesgo de correlación. Si un evento geopolítico o logístico afecta la Cuenca del Pacífico o las rutas del Golfo, todos los activos sufren al mismo tiempo.
Argentina LNG, con gas de Vaca Muerta licuado en buques flotantes frente a la costa atlántica, ofrece exactamente lo que Lake Charles iba a proveer: volumen atlántico, desconectado de Ormuz, con acceso directo a Europa y potencialmente a Asia por la ruta del Cabo. En el contexto actual, esa desconexión es una prima, no un descuento.
MidOcean no confirmó que vaya a sumarse. La reunión de enero fue un primer contacto. Pero la compañía perdió su proyecto atlántico, levantó u$s 1.200 millones con un socio japonés que necesita diversificación fuera del Golfo, y el conflicto en Medio Oriente elevó el valor estratégico de cada molécula de GNL que no pase por Ormuz. Los puntos están sobre la mesa. La conexión todavía no.