Mientras las fuerzas aliadas (EE.UU. e Israel) mantienen la superioridad militar, el debate internacional se concentra en los objetivos estratégicos de largo plazo.
En este contexto, el analista Danny Citrinowicz, experto en Medio Oriente, seguridad nacional e inteligencia, y senior fellow del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel (INSS) y del Atlantic Council, ofrece una mirada crítica sobre los desafíos que enfrenta la administración de Donald Trump.
En una publicación reciente en la red social X, Citrinowicz advierte sobre las limitaciones estructurales de la estrategia actual y señala un error de diagnóstico clave: un malentendido profundo de la doctrina estratégica iraní.

A continuación, reproducimos su análisis, en respuesta a declaraciones de Steve Witkoff, representante de misiones de paz de Estados Unidos, sobre las fallidas negociaciones con Teherán:
“La administración Trump se acerca a un punto de decisión en la guerra, y no es uno óptimo desde su perspectiva.
El problema central nunca fueron solo las brechas técnicas entre Washington y Teherán en el expediente nuclear. Fue un error más profundo: una evaluación defectuosa de la doctrina estratégica y las líneas rojas de Irán, que contribuyó al colapso de las negociaciones.
Ese mismo error se traslada ahora al plano militar. Es improbable que Irán capitule bajo presión militar. No renunciará a su arsenal de misiles, ni abandonará lo que considera su derecho soberano a enriquecer uranio.
Estados Unidos e Israel mantienen una superioridad militar abrumadora. Pero si el objetivo es forzar una rendición en estos puntos centrales, ello probablemente requeriría un cambio de régimen. Y si ese no es el objetivo, la alternativa es negociar con el mismo régimen, que —una vez cesen los combates— buscará reconstruir rápidamente sus capacidades estratégicas.
La administración ha entrado en una campaña donde el único camino claro hacia una victoria decisiva sería el cambio de régimen, aunque no está claro que Washington esté dispuesto a asumir los recursos y el compromiso a largo plazo que ello implicaría.
Ningún sucesor de Jamenei, surgido desde dentro del sistema, presentará términos de rendición a Estados Unidos. Desde la perspectiva iraní, la capitulación implicaría el colapso de la base ideológica de la República Islámica.
Es más probable que continúen luchando antes que conceder formalmente. Su cálculo —acertado o no— es que el tiempo juega a su favor: la presión externa puede disminuir, los ciclos políticos en Washington cambian y las dinámicas regionales evolucionan.
Si esto es así, las expectativas de una sumisión política rápida de Teherán están desconectadas de cómo el régimen entiende su propia supervivencia”.
Superioridad táctica vs. resultado estratégico
La lectura de Citrinowicz pone en evidencia la brecha entre superioridad militar táctica y viabilidad política estratégica. Sin una definición clara del objetivo final —contención, negociación o cambio de régimen— el riesgo es entrar en un conflicto prolongado donde cada alto el fuego solo permita la reconfiguración del poder iraní.
El analista advierte que, sin un enfoque estructural sobre la naturaleza del régimen, cualquier cese temporal de hostilidades podría perpetuar el ciclo de confrontación.
Impacto en el mercado petrolero
La escalada bélica ya tuvo efectos directos en los mercados energéticos internacionales.
Desde el inicio de la “Operación Epic Fury”, el precio del crudo Brent registró subas durante tres jornadas consecutivas, alcanzando picos de US$82,37 por barril y cerrando con avances acumulados de entre 6% y 9%. Este martes cotiza en la zona de US$80-81.
Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI) superó los US$73 por barril, con incrementos de entre 6% y 8% en los últimos días.
El factor Estrecho de Ormuz
El principal disparador fue el cierre efectivo o parcial del Estrecho de Ormuz, corredor estratégico por el que transita cerca del 20% del petróleo mundial y volúmenes significativos de gas natural licuado (GNL).
Las amenazas iraníes contra buques tanqueros, cancelaciones de coberturas de seguros y ataques a infraestructura energética en países del Golfo generaron una prima geopolítica inmediata. El tráfico marítimo se redujo drásticamente, elevando costos de flete y primas de riesgo.
Aunque no se registraron daños estructurales masivos en grandes instalaciones de Arabia Saudita o Irak, el mercado incorporó rápidamente el riesgo de interrupción prolongada de suministro.
Analistas proyectan que, de extenderse la crisis, el Brent podría superar los US$90-100 por barril, aunque un eventual aumento de producción por parte de la OPEP+ podría moderar el alza.
Repercusiones para Argentina y Vaca Muerta
Desde una perspectiva económica y energética —clave para Argentina— el conflicto podría reconfigurar los mercados globales de petróleo y gas.
Irán es un productor relevante y cualquier disrupción sostiene precios internacionales elevados. Para países exportadores alternativos como Argentina, con su desarrollo en Vaca Muerta, esto podría traducirse en mayores ingresos por exportaciones de crudo y gas.
Sin embargo, el beneficio potencial convive con un escenario de alta volatilidad, presión inflacionaria global y tensiones en la cadena de suministro. En un contexto de transición energética, la incertidumbre geopolítica agrega una capa adicional de complejidad.
Un conflicto con final abierto
Mientras la “Operación Epic Fury” avanza, el análisis de Citrinowicz invita a repensar la viabilidad de una victoria sostenible. La clave, sostiene, es alinear medios militares con objetivos políticos realistas, evitando suposiciones sobre una capitulación rápida de un régimen cuya identidad está anclada en la resistencia ideológica.
En paralelo, los mercados energéticos ya procesan un shock de oferta que se traduce en precios más altos y mayor incertidumbre global. El desenlace, más que militar, parece depender de decisiones políticas que aún no están del todo definidas.


