Precios y logística en jaque

Guerra en Medio Oriente: las 10 claves energéticas para entender lo que está en juego

Ormuz paralizado, QatarEnergy fuera de línea y el Mar Rojo como segundo frente: un análisis urgente del shock energético más severo desde los años 70 y lo que cambia para la Argentina

por Marina Cappiello 12 Marzo de 2026
12 Marzo de 2026
El enfrentamiento bélico contra Irán continúa y su final es abierto.
El enfrentamiento bélico contra Irán continúa y su final es abierto.

La Operación Epic Fury -el ataque conjunto de EEUU e Israel sobre Irán lanzado el 28 de febrero- desencadenó una guerra y detonó la mayor disrupción del suministro global de petróleo y gas de la que se tenga registro. Así lo reconoció la propia Agencia Internacional de Energía (IEA) en su informe mensual de esta semana.

El Estrecho de Ormuz está paralizado, QatarEnergy suspendió la producción de GNL en Ras Laffan y el Mar Rojo se abrió como segundo frente. El mundo energético lleva 13 días digiriendo un shock que ningún modelo de riesgo había calibrado con esta velocidad ni con esta magnitud.

A continuación Shale24 repasa las 10 variables que el sector energético tiene sobre la mesa a la fecha.

1. Una guerra que nadie modeló en el precio

A principios de 2026, el consenso de mercado proyectaba un Brent en torno a los u$s 60 para todo el año. El análisis era sólido en un contexto de oferta global abundante, demanda moderada, la OPEP+ con capacidad ociosa y shale norteamericano estabilizado. Los fundamentos apuntaban a sobreoferta. Entonces llegó el 28 de febrero.

La Operación Epic Fury combinó ataques aéreos sobre instalaciones nucleares iraníes con la eliminación del líder supremo Alí Jamenei. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) respondió de inmediato con misiles sobre bases de EEUU en Kuwait y Arabia Saudita, y declaró el Estrecho de Hormuz zona prohibida para buques occidentales.

El mercado, que no tenía ese escenario en precio, empezó a correr. Ninguna de las grandes casas de análisis (como Rystad Energy, Goldman Sachs, Morgan Stanley) lo había modelado como escenario base. En 48 horas, el Brent subió más de un 30%.

2. El grifo del mundo, cerrado

El Estrecho de Ormuz tiene apenas 34 kilómetros de ancho en su punto más angosto. Por ahí pasan el 20% del suministro global del petróleo (unos 21 millones de barriles diarios) y un quinto del comercio mundial de GNL. No hay bypass fácil. Los puertos alternativos de Omán (Duqm, Salalah, Sohar) fueron alcanzados por drones en los primeros días del conflicto; el mercado de seguros los clasificó de inmediato como zona de alto riesgo bélico.

Estrecho de Ormuz
Estrecho de Ormuz

Según datos de Kpler, el tráfico de graneleros por Ormuz cayó un 91% desde el inicio del conflicto, con unos 280 buques atrapados en la región. Maersk, CMA CGM y Hapag-Lloyd suspendieron tránsitos.

Raymond James estimó que más de 15 millones de barriles diarios quedaron efectivamente fuera de mercado -el doble en magnitud de cualquier disrupción energética previa registrada-. El Estrecho se convirtió, en palabras de Kpler, en "un estacionamiento".

3. El Brent cotiza a u$s 100

El Brent tocó u$s 119 en su pico más agudo, la primera vez sobre los tres dígitos en cuatro años. Retrocedió al rango de u$s 86-96 después de las intervenciones de la IEA y las declaraciones de Trump, pero esta mañana del jueves 12 de marzo volvió a superar brevemente los u$s 100 ante nuevos ataques iraníes sobre buques en el estrecho.

La volatilidad es extrema: el mismo día en que la IEA anunció la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas, el crudo subió 5%. El mercado lee que sin reapertura física del estrecho, ningún anuncio verbal o financiero es suficiente para anclar el precio.

Oxford Economics advirtió que, según cómo evolucione el conflicto, el Brent podría escalar hasta u$s 140. La IEA proyecta el crudo por encima de u$s 95 durante los próximos dos meses antes de ceder hacia u$s 80 en el tercer trimestre, siempre con la salvedad explícita de que el pronóstico depende de supuestos sobre duración del conflicto que hoy nadie puede garantizar.

4. GNL: un golpe profundo y duradero

Acá está el verdadero talón de Aquiles del shock. El petróleo tiene cierta diversificación geográfica; el GNL global, no. Qatar provee alrededor del 20% del suministro mundial de gas natural licuado, y toda esa producción sale por Hormuz. Cuando drones iraníes atacaron las instalaciones de Ras Laffan y Mesaieed a principios de marzo, QatarEnergy detuvo la producción y activó cláusula de fuerza mayor. Era la primera vez en la historia que esa planta —la más grande del mundo— se apagaba por completo.

Rapidan Energy advirtió que las exportaciones qataríes no se reanudarán hasta tener certeza del 100% sobre la seguridad del estrecho, y que el proceso de reinicio tomará semanas, no días. La complejidad del proceso de licuefacción no admite apagados y encendidos según las novedades del frente.

En paralelo, QatarEnergy anunció que posterga hasta 2027 la expansión de sus instalaciones. Los precios spot del GNL saltaron más de 45% desde el inicio del conflicto, superando los u$s 20 por millón de BTU. Las tasas de flete de buques metaneros subieron u$s 100.000 por día en una sola sesión.

5. Doble cerrojo: el Mar Rojo se suma

El mismo 28 de febrero, mientras el mundo miraba hacia Ormuz, los hutíes de Yemen anunciaron la reanudación de ataques sobre buques comerciales en el Mar Rojo. El resultado es un doble cerrojo sin antecedentes: Ormuz bloqueado por el frente iraniano, Mar Rojo bajo hostigamiento activo. Para los armadores, el Canal de Suez quedó descartado. La única alternativa es rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, lo que suma entre 10 y 20 días a los tiempos de tránsito y decenas de miles de dólares por viaje en combustible, seguros y sobrecostos operativos.

No es solo petróleo y gas lo que está varado. Por esas rutas también circulan semiconductores, componentes electrónicos, insumos para la industria automotriz y materias primas diversas. La crisis energética tiene una dimensión de cadena de suministro global que excede ampliamente el precio del barril.

6. Trump: amenazas escalan, mensajes se contradicen

Las declaraciones del presidente estadounidense sobre el conflicto son, en el mejor de los casos, difícilmente compatibles entre sí. En Florida llamó al ataque "una pequeña excursión" y prometió que los precios del combustible caerán "muy rápidamente cuando esto termine".

En Truth Social amenazó con golpear a Irán "20 veces más fuerte" si bloquea Ormuz y llegó a evaluar en voz alta tomar el control del estrecho -una idea que expertos en derecho internacional del mar descartaron de plano por violar la soberanía de Irán y Omán sobre esas aguas-.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el presidente de EEUU, Donald Trump.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el presidente de EEUU, Donald Trump.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue categórico en sentido contrario: la guerra no terminará hasta la "derrota total y decisiva del enemigo", y eso se hará "en los tiempos de EEUU".

En Kentucky, el 11 de marzo, Trump celebró la liberación de reservas de la IEA y prometió que eso reducirá los precios mientras EEUU, en sus palabras, "termina el trabajo". Irán, por su parte, advirtió que está lista para "una guerra de desgaste de largo plazo que destruirá la economía norteamericana".

7. Los 400 millones de barriles que no alcanzaron

Los 32 países miembros de la IEA aprobaron por unanimidad, el miércoles 11 de marzo, la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas -la mayor de la historia del organismo, superando las de la pandemia y la guerra de Ucrania-. EEUU comprometió 172 millones desde su Reserva Estratégica de Petróleo.

El G7 estudia además escoltadas navales para buques comerciales en el estrecho. La aseguradora Chubb aceptó encabezar un programa gubernamental de seguros para barcos que intenten transitar. Sin embargo, el impacto fue casi nulo. El Brent subió después del anuncio.

"La IEA ya disparó su bala", graficó Jay Hatfield, de Infrastructure Capital. La lectura del mercado es que si las reservas estratégicas son un mecanismo de demanda diferida, no un sustituto de la oferta física que hoy está varada en el Golfo Pérsico. Cuando esas reservas se agoten, no hay reposición rápida. La única solución real es la reapertura del estrecho. Yeso depende de variables militares y diplomáticas que nadie controla por completo.

8. Fertilizantes, azufre y cadenas industriales

El impacto del conflicto sobre los mercados de commodities industriales está todavía subestimado en la discusión pública. El Golfo Medio concentra entre el 16 y el 18% de las exportaciones globales de fertilizantes por vía marítima, principalmente azufre y urea. Arabia Saudita despacha cerca de 14 millones de toneladas anuales desde sus puertos orientales. Qatar y Kuwait ya registraron recortes de producción. Kpler contabiliza unos 280 graneleros atrapados en la región.

El azufre merece atención especial porque no es sólo un insumo agrícola, sino la materia prima para la producción de ácido sulfúrico con usos industriales que van desde la química hasta la minería. Una disrupción prolongada afecta cadenas de producción que van mucho más allá del campo.

Los agricultores del Hemisferio Norte, que ya aprovisionaron insumos para la siesta de siembra, tienen cierto margen. Si el conflicto se extiende semanas más, esa situación cambia radicalmente.

9. Argentina: la ganancia de precio choca contra el techo de volumen

Para Argentina, la ecuación tiene dos caras bien definidas y es importante no confundirlas. Por el lado positivo, el shock de precios opera directamente sobre la balanza energética. Según estimaciones de Daniel Dreizzen, director de Aleph Energy, cada incremento de u$s 10 en el Brent equivale a unos u$s 1.300 millones adicionales en exportaciones anuales.

Con el crudo entre u$s 20 y u$s 30 por encima de la base presupuestaria de u$s 60, el ingreso extraordinario podría ubicarse en un rango de entre u$s 2.600 y u$s 4.000 millones, según distintas estimaciones sectoriales -siempre que los valores se sostengan, condición que hoy depende de factores bélicos y no de fundamentos de oferta y demanda-.

Por el lado negativo, el país no tiene hoy capacidad de aumentar los volúmenes exportables. El cuello de botella logístico es estructural hasta que el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) entre en operación —previsto para julio de 2026, con una capacidad inicial de 180.000 barriles diarios, ampliable progresivamente—. Hasta entonces, el beneficio es estrictamente de precio, no de volumen.

VMOS
Argentina quiere convertirse a partir de 2026 en un exportador neto de petróleo con VMOS.

Con el presupuesto diseñado sobre u$s 60 el barril, cada dólar adicional sostenido en el tiempo es divisas netas para el Banco Central y regalías para Neuquén. Pero no hay manera de capitalizar ese contexto con una expansión física de la oferta exportable en el corto plazo.

10. El GNL argentino ante el conflicto

La detención de Qatar como proveedor global de GNL es la demostración más contundente que el mercado podría haber dado de por qué el mundo necesita nuevas fuentes de abastecimiento. Europa y Asia buscan alternativas con una urgencia que ya no es proyectada sino real y presente. En ese marco, cada trimestre de retraso en la infraestructura de licuefacción argentina tiene un costo de oportunidad que hoy puede medirse directamente en el mercado spot.

LNG Argentina, el nombre del proyecto que encabeza YPF, y el esquema de Southern Energy con los buques de Golar apuntan a comenzar exportaciones desde 2027 e incrementarlas gradualmente cada año.

El conflicto de Medio Oriente no crea esa demanda -la demanda estructural de Asia ya existía antes del 28 de febrero-, pero sí hace infinitamente más visible el precio de no estar listos cuando el mercado llama. El gasoducto que conecta Vaca Muerta con el Golfo San Matías, cuya adjudicación de construcción se espera para abril, es un eslabón en esa cadena que llega en el peor momento logístico global para materiales y equipos. Que el conflicto se extienda semanas o meses no cambia la ecuación de fondo. Lo que cambia es cuánto le cuesta al mundo y a la Argentina no tener el GNL listo.

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