Al amanecer del domingo, JD Vance salió de Islamabad sin un acuerdo.
Las conversaciones trilaterales entre Washington, Teherán y la mediación paquistaní duraron 21 horas, desde el sábado hasta la madrugada del domingo, y terminaron sin que las delegaciones lograran acercarse en los 2 puntos centrales: el futuro nuclear de Irán y el control del Estrecho de Ormuz. «No llegamos a un acuerdo», declaró Vance ante la prensa. El vicepresidente dijo haber puesto sobre la mesa «la oferta final y mejor» de EE.UU. Irán, por su parte, acusó a Washington de «demandas excesivas». El futuro del alto al fuego de 2 semanas, acordado el 8 de abril, quedó en el aire.
Ese fue el contexto en que Sultan Al Jaber, CEO de ADNOC y Ministro de Industria de los Emiratos Árabes Unidos, publicó en X la declaración más dura que ha hecho desde el inicio del conflicto. El Estrecho de Ormuz, escribió, «nunca fue de Irán para cerrarlo o restringir la navegación a través de él». Cualquier disrupción a gran escala amenazaría la seguridad energética, alimentaria y sanitaria del mundo. Sentar ese precedente sería «peligroso e inaceptable».

La escalada discursiva de Al Jaber
La progresión es precisa. El 1 de abril, Al Jaber calificó el bloqueo iraní de «extorsión económica global». El 9 de abril señaló que el Estrecho «no está abierto» porque Irán cobra peajes de más de u$s 1 millón por buque y exige permisos previos. Este domingo subió un escalón más: ya no describe el problema operativo, sino que niega el derecho reclamado. El Estrecho no es soberanía iraní.
Al Jaber habla desde una posición concreta. Los Emiratos bombeaban 3,4 millones de bpd antes del conflicto; durante la crisis, la producción de ADNOC cayó más de la mitad. A ese daño operativo se suma el sufrido en su propia infraestructura: el complejo de Habshan paró 2 veces en 15 días, el más reciente el 4 de abril. «Tenemos cargamentos listos y expandiremos la producción dentro de los límites del daño sufrido», dijo el 9 de abril.
El oleoducto que evita el Estrecho
Arabia Saudita respondió este domingo en el plano operacional. El Ministerio de Energía confirmó que el oleoducto East-West —conocido como Petroline— recuperó su capacidad plena de 7 millones de bpd. El ducto de 1.200 kilómetros y 11 estaciones de bombeo conecta los campos del este del reino con el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, y es la única ruta exportadora saudita que no depende del Estrecho.
Irán lo había atacado pocas horas después del alto al fuego del 8 de abril, recortando el flujo en 700.000 bpd. El campo offshore Manifa, que había perdido otros 300.000 bpd, también fue recuperado. El yacimiento Khurais, donde los ataques afectaron otros 300.000 bpd, sigue en reparación sin fecha confirmada. Desde el 28 de febrero, Arabia Saudita cuadruplicó sus envíos desde las terminales del Mar Rojo para compensar el bloqueo del Golfo Pérsico.

Cerca de 230 buques cargados con crudo permanecen varados en el Golfo sin poder zarpar, según datos citados por Al Jaber el 9 de abril. El Estrecho, que en condiciones normales canaliza el 20% del comercio mundial de crudo y GNL, registró apenas 5 tránsitos el día del alto al fuego, según la firma de análisis Kpler. El Brent cotizaba el viernes en torno a los u$s 96 por barril.
El golpe es especialmente agudo en Asia: el 80% de los cargamentos que circulaban por Hormuz tenían ese destino. Qatar tampoco escapa: la planta de Ras Laffan, el mayor complejo de GNL del mundo, no recuperará su capacidad plena antes de fin de agosto, tras la destrucción de 2 de sus trenes de producción. El panorama regional lo cuantificó Rystad en u$s 25.000 millones en daños.