La Argentina Oil & Gas Patagonia 2026 abrió sus puertas en Neuquén con un discurso presidencial que, como suele ocurrir con Javier Milei, tuvo de todo: historia de la Revolución Industrial, cruces con economistas y periodistas, una referencia a la Selección y un tramo de campaña de cara a 2027. Debajo de esa superficie corrió un argumento económico que atravesó buena parte de la exposición y que toca de lleno al sector: la discusión sobre el tipo de cambio.
La tesis del Presidente es sencilla de enunciar. Cuando un país deja de importar energía y empieza a exportarla, cuando le ingresan decenas de miles de millones de dólares en inversiones y su riesgo país cae, también cambia su tipo de cambio de equilibrio. "Un dólar más bajo es el reflejo de un país que genera más dólares que los que consume", dijo. Y puso tres ejemplos sobre la mesa: Australia, Chile y Noruega.
Tres países con moneda fuerte
Los tres son economías abiertas, ricas en recursos naturales, que vieron apreciarse sus monedas durante sus auges exportadores. Para Milei, esa apreciación es "el efecto colateral de convertirse en un país serio". La estabilización, el descubrimiento de recursos y una baja del riesgo país como la que describió, de 3.000 a 600 puntos, empujan en la misma dirección.
Desde ahí respondió a quienes reclaman una devaluación. "¿Qué clase de atraso cambiario es este?", se preguntó. Y enumeró: exportaciones que crecen cinco veces más rápido que el PBI, superávit fiscal y de cuenta corriente, y un Banco Central que compró u$s 16.000 millones en lo que va del año. Sumó una cuenta de serie larga: si devaluar hiciera competitiva a una economía, la Argentina, que llevó el dólar de 1 a 1.500 pesos en 23 años, "tendría que ser el país más competitivo del mundo".
Su receta para la competitividad pasa por menos impuestos, menos regulaciones, más infraestructura y menores costos internos, entre ellos el de la energía. Ahí entra Vaca Muerta, como pieza central del modelo.
Los números de Vaca Muerta
El Presidente repasó las cifras que sostienen el argumento. Según su exposición, Vaca Muerta pasó de unos 310.000 barriles diarios promedio en 2023 a superar los 670.000 en agosto de 2026. En el mismo período, la producción nacional saltó de 635.000 a 932.000 barriles diarios, por encima del máximo de 1998. Las exportaciones de crudo, que promediaban 128.000 barriles diarios en 2023, rozaron los 330.000 en julio.
En el plano comercial, Milei afirmó que la balanza energética pasó de un déficit de hasta u$s 5.000 millones a un superávit de más de u$s 10.000 millones. También dijo que la Argentina cerrará el año con un saldo comercial cercano a los u$s 30.000 millones. "Este año, por primera vez en la historia, las exportaciones argentinas van a superar los 100.000 millones de dólares", agregó. La Bolsa de Comercio de Rosario, en su proyección de julio, ubicó el superávit energético de 2026 por encima de los u$s 12.000 millones, un número todavía más alto que el citado en el atril.
El Presidente también hizo un ejercicio contrafáctico. Con el esquema de "barril criollo" y el contexto internacional actual, dijo, el sector energético estaría hoy entre u$s 20.000 y u$s 25.000 millones abajo, en lugar de aportar un excedente.
Oleoducto, GNL y el superávit
La segunda parte del razonamiento mira hacia adelante y explica por qué Milei espera que la presión sobre el peso siga siendo apreciadora. Mencionó la llegada de las dos monoboyas del VMOS a Río Negro, una obra de unos u$s 3.000 millones que, según dijo, permitirá exportar alrededor de u$s 15.000 millones por año.
Habló de los cargamentos de GNL hacia Alemania que arrancarán el año próximo desde el Golfo San Matías. Se trata del contrato de Southern Energy con la alemana SEFE, que ubicó en más de u$s 7.000 millones. Mencionó también el proyecto Argentina LNG de YPF, Eni y XRG, con una inversión de u$s 51.000 millones y exportaciones de hasta u$s 10.000 millones anuales. Los socios ubican la decisión final de inversión de ese proyecto hacia fin de 2026.
Sobre el RIGI, aseguró que ya hay más de u$s 210.000 millones en proyectos anunciados, el 45% en petróleo y gas. Anticipó además que el resto de la economía terminará pareciéndose al régimen: "La economía va a converger al RIGI".
Con todo eso, el Presidente describió una especie de colchón de u$s 125.000 millones para 2027. Lo construyen las compras del Banco Central, los swaps con China y Estados Unidos, una posición en futuros de u$s 15.000 millones, el saldo comercial del año próximo y los ingresos por RIGI. "Macroprudencialmente las cosas las estamos haciendo", resumió.

La cordillera compartida
El ejemplo chileno fue el más concreto. "Argentina tiene la misma cordillera que tiene Chile", recordó Milei. Chile exporta unos u$s 60.000 millones en minería y la Argentina entre u$s 4.000 y u$s 5.000 millones, de modo que el margen para multiplicar las ventas sería de 12 a 15 veces. "¿Ustedes se imaginan si todos los años, además, entraran 60 mil millones de dólares?", planteó.
La cifra que usó el Presidente, incluso, se queda corta. Según el Banco Central de Chile, las exportaciones mineras chilenas sumaron en 2025 u$s 63.253 millones. El cobre aportó u$s 55.188 millones de ese total, sobre ventas externas totales de u$s 107.004 millones.
La comparación se extendió a otros sectores. En fruta fina, Chile exporta u$s 3.400 millones por año y la Argentina apenas u$s 70 millones. Y bajó al plano provincial, con el contraste entre San Juan, adherida al RIGI y con proyectos de cobre por miles de millones, y La Rioja, que no adhirió.
Fondos, reglas y tipo de cambio flotante
El paralelo con Australia, Chile y Noruega tiene una dimensión que el discurso no recorrió. Los tres convivieron con monedas fuertes y, en el camino, construyeron instituciones para administrarlas.
Noruega deposita desde 1996 su renta petrolera en un fondo soberano que la invierte fuera del país. Chile conduce desde 2001 su política fiscal con una regla de balance estructural: calcula el gasto con un precio del cobre de largo plazo y deriva los excedentes a fondos como el de Estabilización Económica y Social. Australia deja flotar su moneda desde diciembre de 1983, de modo que el tipo de cambio absorbe los vaivenes de los precios de sus materias primas.
Es justamente el debate que divide a los economistas argentinos. Quienes hablan de atraso cambiario advierten sobre el riesgo de que la apreciación erosione a los sectores transables que no son energía, agro ni minería, la llamada enfermedad holandesa. Milei descartó esa lectura con dureza. Comparó a quienes analizan el crecimiento "descontando" energía, agro y minería con quien quisiera evaluar a la Selección sin Messi, y citó a David Ricardo para sostener que los países crecen haciendo aquello en lo que son competitivos.
En el medio queda una pregunta que la industria escucha con interés propio. Si la energía abundante y barata es el insumo que vuelve competitivo al resto, como dijo el Presidente al mencionar las plantas de urea, la petroquímica y los centros de datos en la Patagonia, Vaca Muerta genera a la vez los dólares que aprecian el peso y parte de la respuesta para que el resto de la economía pueda tolerarlo.